Al final se animó mi compañero y lleva él al grupo hasta Bolzano. Así que me toca relax en la furgo.
Al poco de salir, un tren nos cortó el paso.
Y eso de allí al fondo son los Montes Dolomitas. Lo otro... es mi papada.
Y como no había mucho interesante, pues foto a los castillos por el camino.
Llegada a Bolzano sin muchas ganas la verdad. Llego al hotel y descargo las maletas en cada habitación, para una vez terminado el trabajo, dar una vueltecita a buscar algo de comer, que ya es hora.
Y lo sorprendente del asunto, es que pensaba que Bolzano era una ciudad bastante fea y sin alme, pero mira tú por donde, que una vez más aprende uno a estarse calladito antes de opinar. Sin conocerla, fue premeditado forjarme una opinión.
Del hotel, sales al casco histórico.
Boutiques con vestidos de git.... digooooooo... de Tirolesa.
Tienen una forma curiosa de aprovechar los construcciones, pues todas tienen distintos niveles y patios interiores. Además, se cruzan las calles bajo ellas. Bicis incluidas.
Lo reconozco, me equivoqué en un 100%. La ciudad es preciosa.
Este me pidió rollo y yo no pude resistirme. Madre mía que lenguaaaaaaaaaaa...
Todo callejón tiene su secreto y su encanto.
Me voy para la ducha, que hay que arreglarse para la cena.
Mañana mas.






















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